Volkswagen Magazine

SABER MÁS

montaña arriba.

¿Es posible disfrutar ascendiendo por una de las carreteras más altas de los Alpes en el automóvil de serie que menos consume del mundo? Difícilmente, pensábamos... y nos llevamos una agradable sorpresa.

Texto Tom Levine
Fotos Uwe Kristandt/Staud Studios
 
 

el pequeñín blanco.

Qué idea más absurda. ¿Subir hasta la cabaña del Grossglockner, el pico más alto de Austria, precisamente en el modelo de Volkswagen que menos consume? ¿Martirizarme con 69 CV (rendimiento conjunto) a más de 1.747 metros de altura? ¿Tomar veintiuna curvas sin dirección asistida? Y todo ello embutido en una carrocería en la que no tengo muy claro cómo voy a acomodar mis 187 centímetros de altura. Ésto no puede acabar bien. Menos mal que he desayunado en condiciones.

Bien mirado, así bañado por la luz matinal de los Alpes, se ve bonito. Me refiero a “mi” XL1 blanco. Visto de frente es un Volkswagen inconfundible, aunque llamativamente bajo; la parte trasera, estrecha y original gracias a una peculiar tira de ledes, recuerda vagamente al legendario Déesse de Citroën. Y, desde arriba, podría pasar por un deportivo futurista, aunque sin su potencia. Ahora sí que estoy a punto de tener el placer de embutirme dentro.

El XL1 y yo nos hemos conocido en el Taxhof, un lugar inmejorable para un encuentro como este: situado en la parte alta del pueblo de Bruck, este caserío con cuatro siglos de historia deja sentir el peso de la tradición entre sus vigas. Si bien, en la cocina las hermanas Elisabeth y Katharina Unterberger alaban esa moderna austeridad que convierte lo sencillo en especial y lo sobrio en puro lujo. Desde la terraza se puede disfrutar de las vistas sobre el valle del Fusch y la carretera de los Altos Alpes (Hochalpenstrasse), por la que pretendemos ascender nosotros… ¡Menudos imprudentes!

Iniciar vídeo

De visita en el Taxhof

Tradición Durante décadas, la señora Unterberger estuvo regentando aquí un restaurante. Pero desde que sus hijas Elisabeth y Katharina se pusieron al frente de esta posada centenaria, los deliciosos platos del menú, cuya fama traspasa las fronteras de la región, solo están destinados a los huéspedes que se queden a pasar la noche.

Modernidad La oferta culinaria incluye guisos modernos que, no obstante, conservan referencias de la región, la tradición y la naturaleza. Deliciosos.

Bien mirado, así bañado por la luz matinal de los Alpes, se ve bonito.

Que quede entre nosotros: en realidad, el XL1 no está pensado para esto. En Volkswagen lo llaman el “laboratorio rodante”. Se trata del primer híbrido enchufable con motor diésel construido de serie y es la evidencia de cuán avanzada está la tecnología en materia de reducción del consumo. El XL1 está diseñado para consumir poco, sin concesiones. Con 0,189 es el automóvil de serie con un menor coeficiente aerodinámico (CX). Y ningún otro Volkswagen le supera en ligereza: 795 kilogramos de tara. En condiciones de conducción óptima no tiene rival: con 0,9 litros cada 100 kilómetros es el automóvil que menos consume.

El XL1 no es una idea feliz sin utilidad práctica: es perfecto para el uso diario. O casi.

Pero habrán tenido que reducir mucho el confort, pienso al tiempo que acciono la puerta tipo “ala de gaviota” que, al abrirse, forma un gran ángulo de apertura gracias a dos palancas. Como el techo del vehículo se adentra profundamente , puedo subirme a él sin miedo a despeinarme. Y es que introducirse en un coche tan bajo tiene su qué. Por lo demás, en el interior uno se siente como en casa: botón de arranque, sistema Kessy para arrancar el vehículo sin sacar la llave del bolsillo y pomo DSG para una transmisión de doble embrague de siete marchas.

El automóvil se pone en funcionamiento en modo puramente eléctrico. El ordenador de a bordo me indica que la batería de iones de litio no está plenamente cargada. Pero no importa. De momento vamos a ir montaña abajo. Y mientras avanzo con cuidado entre ciclistas, paseantes y vacas, se va recargando la batería. El motor TDI de dos cilindros no se pone en marcha hasta que, una vez abajo en la carretera nacional, le doy un poco de alegría al asunto.

coeficiente aerodinámico Indica la resistencia aerodinámica (medida en un túnel de viento): cuanto más baja, mejor. El récord lo ostenta el Pinguine. El coeficiente de los turismos oscila entre un 0,2 y un 0,4. Los coches de Fórmula 1 tienen coeficientes más altos, pero también más fuerza de salida.

Volkswagen fabricará ahora una serie más bien reducida de XL1. Según fuentes de la empresa, el automóvil no es una idea feliz sin utilidad práctica, sino un Volkswagen de pura cepa, es decir, pensado para el uso diario. O casi, pues parece que no se venderá muy barato (aún no se ha decidido el precio final). La mayor parte de la carrocería del XL1, por ejemplo, consta de un monocasco de plástico reforzado con fibra de carbono, lo cual es óptimo de cara al peso (un 50% menos frente al metal), pero no tanto para el bolsillo.

Pasado el peaje de Ferleiten me permito aumentar un poco la velocidad. A pesar de su ligereza, el automóvil permanece estable en la carretera y en la curva. Los ingenieros han distribuido el peso de una manera muy inteligente: delante, la batería de 68 kilogramos; detrás, el motor diésel, el motor eléctrico y la caja de cambios.

Con un coeficiente de 0,189, no existe otro automóvil en el mundo que ofrezca menos resistencia al aire. También es el coche más ligero de Volkswagen.

Lo que más me sorprende es el hecho de que el XL1 acelera de lo lindo cuando piso el acelerador, sobre todo en modo deportivo. Los coches familiares no ocultan ningún secreto para mí; en el caso de carrocerías deportivas ya tendría que concentrarme un poco más. Pero, claro, no me apetece. El XL1 no pretende ofrecer potencia en montaña, sino ahorrar combustible. Mis salidas del tiesto de hace un momento se notan rápidamente en el consumo. Así que reduzco de nuevo la velocidad y me dedico a disfrutar de las vistas que hay a esta altura.

Tanta atención no hubiera atraído ni en un deportivo de los caros.
El asiento abatible del conductor es sorprendentemente cómodo.

Máxima ligereza

Comparativa El peso de los módulos del XL1, en comparación con un turismo compacto (en kilogramos).

Tren de conducción

Equipamiento y sistema eléctrico

Carrocería

Tracción

kilogramos pesa el XL1 en total. Sin conductor, eso sí. El peso medio de un compacto de motor diésel es de 1.306 kilogramos. Es decir, un 40% más.

Y a disfrutar de la atención que suscito. No hay persona que no alargue el cuello, tartamudee o realice un giro temerario en la siguiente curva para admirar el XL1. El vehículo acapara todas las miradas: desde la del interesado turista de Dubái (“¿dónde se compra?”) hasta la de la fascinada madre (“¿podemos echarle un vistazo a su coche?”) de un niño de siete años que durante tres semanas será la envidia de sus compañeros en el patio del colegio con su foto “el coche y yo”. Yo disfruto de la situación y guardo silencio. Ni en un deportivo de los caros hubiera llamado tanto la atención. Y me ahorro engorrosas discusiones provocadas por la envidia. En su lugar, todos me sonríen.

Y hablando de sonrisas. Yo también sigo de buen humor. Para empezar, la ausencia de dirección asistida ya no me importa, ya que las cargas de los ejes están un tercio por debajo de lo que se esperaría en un compacto. En segundo lugar, el asiento del conductor es sorprendentemente cómodo. Me voy acomodando en el asiento reclinable y regulable en profundidad, y disfruto de los futuristas “espejos retrovisores”, unas cámaras incrustadas en las puertas, cada una con una pantalla. Genial.

Arriba, en la cabaña, soplan rachas de viento huracanado. Una temperatura de verano fresco, por decirlo con palabras comedidas. Es hora de volver a recargar la batería, es decir, de ir montaña abajo. Quiero volver a aparcar el XL1 sano y salvo en el granero del Taxhof. Allí volveré a encontrar la comida adecuada. De la mejor calidad y acorde con los tiempos: sencilla, pero exquisita.