Volkswagen Magazine

Deporte

Como a nosotros.

Cada dos años, los mejores futbolistas de la categoría Sub-13 se dan cita en el “Volkswagen Junior World Masters”. Los chicos del FC Salgui han llegado a la fase final: toda una experiencia.

Texto Veronica Frenzel
Fotografía Gunnar Knechtel

«Cada día imagino como sería ser un futbolista profesional». 

Adrian Andrés, defensa y capitán del equipo

El brazalete azul claro con la gran “C” de capitán está dado de sí, tan solo tras un día de juego. Adrian Andrés tira del trozo de tela una y otra vez. Adrian, 12, es el capitán del equipo juvenil del FC Salgui en Valencia. Y ahora mismo está muy nervioso.
Su equipo está a punto de disputar el decisivo partido de la primera vuelta de una especie de campeonato mundial de clubes y escuelas para menores de 13 años, donde cada equipo representa a su país. 23 equipos de todos los continentes han viajado a Roma, la sede de este año. Los españoles –15 chicos con camisetas de color rojo vivo, la mayoría aún bastante infantiles y delgaduchos– intentan clasificarse para los cuartos de final.

Adrian, 12, es uno de los mejores futbolistas del equipo.

Adrian, defensa central, anima dando saltos a los otros 14 chicos: “¡Somos los mejores y vamos a ganar!”. Ahora está sentado en el banco de madera del vestuario entre sus amigos David Nguema, centrocampista, y Sami Bousba, extremo derecha. Respirando con dificultad y sin dejar de tocarse el brazalete, mira hacia el entrenador, que está dando las últimas indicaciones: “Jugad con agresividad hacia delante, tenemos poco tiempo”, “No os rindáis, aunque encajemos un gol”.

 

Los partidos que han jugado hasta ahora –dos medias partes de diez minutos cada una– no les han ido mal. Contra los Buderim Wanderers de Queensland (Australia) ganaron 1-0, contra el FC Basilea de Suiza perdieron 0-1, y el partido contra los futbolistas de los Emiratos Árabes Unidos terminó en empate. El último rival de la primera vuelta es ahora el San Diego SoCal United Soccer Team de Estados Unidos. Adrian teme a los americanos, son más grandes y más fuertes que los españoles.

Adrian, David, Sami y el resto quieren llegar lejos en Roma. Convertirse en futbolistas profesionales es su gran sueño. Por primera vez se han enfrentado a equipos del extranjero. El torneo es para ellos una especie de prueba general antes de entrar en el inmenso mundo del fútbol profesional.

El torneo

El “Volkswagen Junior World Masters” es un torneo internacional para futbolistas de clubes y escuelas de menos de 13 años, y desde 2006 es organizado por Volkswagen como campeonato mundial juvenil no oficial. Cada dos años, siguiendo el ejemplo del campeonato mundial y europeo del fútbol profesional, los ganadores de actualmente 23 campeonatos nacionales se clasifican para la fase final. Hasta la fecha, las sedes han sido Wolfsburgo, Salzburgo, Madrid y Varsovia. En la fase final de este año en Roma, el FC Basilea se alzó con la victoria por 4-3 en la tanda de penaltis contra el Besiktas Istanbul. El próximo “Volkswagen Junior World Masters” tendrá lugar en 2016.

“Dadlo todo y, sobre todo, disfrutad jugando. No lo olvidéis: si ganamos, ganamos juntos. Si perdemos, perdemos juntos”, les dice el entrenador. Luego da un golpecito a Adrian en el hombro: “Y ahora debes arengar a tu equipo”. Adrian da un salto y grita con voz estridente. “¿Quiénes somos?”. “El Salgui”, contestan los demás. “¿Quiénes somos?”. “Un equipo”, gritan al unisono. Y luego los 15 chicos saltan juntos al campo para calentar.

 

 

Fuera el sol quema bajo el cielo azul brillante, el termómetro marca casi 30 grados este sábado de principios de verano sobre el terreno de juego en Roma. Los españoles corren sobre el césped, driblan, disparan a portería. Los chicos no ven las ovejas, que pacen justo detrás del campo, entre cipreses y pinos.

 

 

No están solo emocionados, sino también cansados. La noche anterior, Adrian y los demás apenas han dormido. ¡Durante el día vivieron tantas cosas! Con más de 400 chicos de todo el mundo fueron a un parque de atracciones y subieron a la montaña rusa.

La ceremonia inaugural se prolongó hasta las diez de la noche: Adrian subió al escenario con la bandera española sobre la espalda y participó en el sorteo de los grupos junto con los capitanes de los demás equipos. Después, él y los demás hablaron en la habitación del hotel sobre estrategias de juego, sobre los demás equipos, sobre los chicarrones de Estados Unidos. Entonaron cantos triunfales y bailaron sobre las camas, hasta que el entrenador les mandó dormir. Después Adrian permaneció un buen rato con los ojos abiertos en la cama.

 

El entrenador aplaude. “¡Vamos!”.
Los españoles luchan, sacan a los americanos una y otra vez de su mitad del campo, disparan a la portería estadounidense. Antes del pitido de final del partido, un americano avanza con la pelota hacia la portería española. Adrian corre tras él. El entrenador grita desde la banda: “¡Corre, Adri, corre!”. Desde la pequeña tribuna, sus padres soplan como locos sus vuvuzelas. Adrian corre. Pero el americano es más rápido, le adelanta, corre en solitario hacia la portería española, chuta y marca. No ha pasado ni un minuto y los americanos vuelven a marcar otro gol. Esta vez el que corre es David Ngema, como si le fuera la vida en ello, pero al final no logra impedir que el rival chute a portería.

Tensión en el vestuario antes del partido: contra los chicos americanos está en juego llegar a cuartos de final.
Decisión firme: Adrian y los demás se han propuesto firmemente llegar lejos en el torneo.

«En casa ya somos pequeñas estrellas: nadie ha jugado en un torneo de este tipo. Excepto nosotros».

Victor Quesada, portero

Séquito familiar: la mayoría de futbolistas reciben los ánimos de sus padres desde la banda del terreno de juego.
Gran juego: los españoles hacen un buen papel contra los chicarrones de Estados Unidos.

Cuando el árbitro pita el final del partido, Adrian y David permanecen en el terreno de juego y lloran. “Hola”, les grita un jugador italiano –su equipo es el siguiente en jugar en el campo– y señala con una amplia sonrisa el peinado de ambos, engominado hacia arriba y rapado por los lados, para luego señalar el suyo, que se parece mucho. “¡Bello! ¡Bonito!”
Adrian sonríe. Recuerda aquella tarde de diciembre que ganaron contra el Madrid y se clasificaron para el torneo de Roma. Presos de la euforia, juraron que antes del viaje cambiarían de peinado. La mayoría escogieron un corte de pelo como el de sus ídolos, rapado por los lados, largo por en medio y hacia arriba. Adrian piensa en la ilusión que sentía cuando pensaba en Roma, en el juego, en el viaje con su equipo. Estaba más motivado que nunca en los entrenamientos, iba al campo tres veces por semana, a veces incluso cuatro.

Adrian se seca las lágrimas de las mejillas con el dorso de la mano, sonríe al italiano y le da una palmada. Luego David y él se unen a los demás jugadores del equipo. “Vamos con los padres”, dice Victor Quesada, segundo portero, y todos corren hacia la banda del terreno de juego, donde están los padres, los últimos metros los recorren tirándose de rodillas. “¡Ahora África!”, grita Joaquín Serra, centrocampista ofensivo. Y baila con Sami, tal como les enseñaron dos jugadores de Namibia la primera tarde: la planta del pie derecho de uno sobre la planta del pie izquierdo del otro, la planta de pie izquierdo sobre la planta del pie derecho, y dan saltos.

Momentos en la vida de los futbolistas: antes de que acabe el partido, Adrian intenta en vano impedir que un jugador americano dispare a puerta. Foto de grupo del equipo del Salgui.

El entrenador escogió a Adrian como capitán, porque es uno de sus mejores jugadores y el más querido entre sus compañeros. Hace un par de semanas, un cazatalentos del Levante UD le abordó tras el entrenamiento. Le preguntó si le gustaría jugar en un equipo grande. “¡Pues claro!”, contestó Adrian sin titubear. Desde entonces imagina a diario cómo sería ser un futbolista profesional. Como sería llevar una vida como Messi, Özil o Totti. Entonces imagina que pasa todo el día sobre el césped y que viaja por todo el mundo.
Adrian y sus compañeros juegan en el club de fútbol del Colegio Salgui. Esta escuela primaria pública está situada en un barrio obrero de Valencia, el club tiene pocos recursos, pero muy buenos entrenadores y jugadores. En la Liga Nacional Juvenil de Valencia, el once de Adrian es de los cinco mejores, sus rivales son las categorías inferiores de los grandes clubes: FC Valencia y Levante UD. En la clasificación a nivel de toda España para el “Volkswagen Junior World Masters 2014”, el FC Salgui se impuso a otros 69 equipos españoles; el último partido contra el equipo de una escuela de Madrid lo ganaron 3-0. Los grandes clubes siempre envían a sus ojeadores a los entrenamientos del FC Salgui. Algunos jugadores pasan a clubes profesionales con tan solo 13 años.

Tras la derrota contra EE. UU., Juan es consolado por su madre.

« Jugad con agresividad hacia delante. ¡No os rindáis, aunque encajemos un gol! ».

Jesús Montero, entrenador juvenil del FC Salgui

 

A la tarde siguiente, Adrian y los demás están sentados como hipnotizados en la tribuna del estadio olímpico romano. Los futbolistas juveniles ya pudieron disputar su final en la insigne arena; ahora, como colofón, son los espectadores de un partido de liga entre el AS Roma y la Juventus de Turín. Los valencianos están sentados en medio del estruendo de los fans del Roma y, a lo lejos, puede verse el bloque del Juve, rodeado por personal de seguridad con chalecos amarillos.

 


En el trayecto de ida con el autobús, Adrian se ha quedado dormido de puro agotamiento. Tras el partido contra EE. UU., el día anterior los españoles siguieron con júbilo los partidos de la fase final. La excitación les embriagó en la final, que el FC Basilea ganó contra el Besiktas Istanbul en la tanda de penaltis. En la ceremonia de entrega de premios bailaron el “Gangnam Style” con los jugadores de Corea, el baile de los jugadores de Namibia, cantaron repetidas veces un himno futbolístico con los jugadores de Arabia Saudita. Y después apenas durmieron. Y hoy han rezado en la plaza de San Pedro con el Papa, han visitado el Coliseo y el Foro Romano.

 

Eufóricos: los chicos del FC Salgui tras la ceremonia de entrega de premios en Roma.

Pero ahora, en el estadio olímpico, Adrian está totalmente despierto, grita con cada pase, con la misma energía que el primer día, quizás un poco más afónico. No puede decidirse por ninguno de los equipos, ambos juegan igual de bien, cree. Joaquín a su lado explica que para él lo más imponente de haber estado estos días en Roma ha sido jugar contra equipos de la misma edad del extranjero. “Después tenemos que despedirnos de todos los jugadores”, dice. David, un par de asientos más atrás, asiente enérgico. Y Victor explica radiante: “En casa ya somos pequeñas estrellas: nadie ha jugado en un torneo de este tipo. Excepto nosotros”.
Poco después, en el último minuto, la Juventus marca un gol, el decisivo. Adrian mira a los otros y sonríe. “Como a nosotros”.

Viva España: Joaquín se ha pintado los colores de la bandera para el partido final.

« ¡Después tenemos que despedirnos de todos los jugadores! ».

Joaquín Serra, centrocampista, la última tarde del torneo