Volkswagen Magazine

Deporte

Miedo y rally en las vegas.

El rallycross está en auge debido, entre otras causas, a que en los circuitos los espectadores están muy cerca de los pilotos, sus temerarias maniobras y sus duelos de velocidad. Un reportaje sobre la final de la última temporada del Campeonato Global de Rallycross estadounidense.

Texto Tom Kummer
Fotografía Wolfgang Zac

¡Brrruuuum!

Scott Speed pone en marcha el escarabajo de carreras con más caballos de todos los tiempos y yo, por un momento, no puedo evitar pensar en la mayor explosión no nuclear que ha habido en la historia de Nevada. Me refiero a un día de otoño de 1993 en que el “dios de la industria turística” Steve Wynn esbozó su sonrisa de vencedor, pulsó el detonador y ¡brrruuuum!... en Las Vegas Strip, el emblemático hotel Dunes quedó reducido a polvo. Aquella explosión generó una gigantesca nube que pudo verse desde la frontera con California.
Ahora, en Las Vegas −la “ciudad del pecado”− florece una nueva era del automovilismo: el Global Rallycross (GRC). Una locura sobre ruedas. Un desafío calculado. Un rechazo a la cordura y la normalidad.

Estamos en una cálida tarde otoñal y, desde hace horas, un estruendo de motores y una espectacular nube de polvo paralizan el tráfico en el centro de Las Vegas. En este instante, cuatro bólidos GRC atraviesan la recta de boxes: un Beetle, un Ford Fiesta ST, un Subaru WRX STI y un Hyundai Veloster Turbo ruedan lentamente hacia la prueba final del que es, probablemente, el torneo de rallycross más desenfrenado de todos los tiempos. La carrera se celebra dentro de un gigantesco aparcamiento, en una zona de casinos legendarios donde, en su día, Frank Sinatra y Elvis Presley inauguraron la era “cool” y hoy pinchan DJs como Deadmau5, Skrillex o David Guetta.


Pero ahora, lo que se escucha aquí es un sonido bien distinto: ¡brrruuuum! Jamás un escarabajo de carreras rugió con tanto ímpetu al calentar el motor. Una exaltada chica cubierta de tatuajes llamada Twiggy está situada junto al epicentro, justo al lado de Michael Andretti, piloto legendario y jefe del equipo “Volkswagen Andretti”, que compite en el GRC con dos Beetle. Twiggy se hace un selfi con Andretti y grita entusiasmada. Con un rápido movimiento, levanta su camiseta de estrella del rock ante los mecánicos de Volkswagen congregados y deja ver un sujetador dorado que resplandece a la luz del mediodía.

«Los aficionados sienten ahora en su estómago el sonido de los motores Beetle como un torrente de graves de frecuencia inaudible».

Los mecánicos alemanes permanecen impasibles mientras el Coordinador Técnico Eduard Weidl pedalea distraído sobre una bicicleta en dirección a la zona de salida. Weidl tiene en la cara una expresión indefinible, como si su mente estuviese en conexión permanente con un laboratorio secreto de Volkswagen. Tal vez su cabeza esté dando vueltas a los fallos que podrían darse en el escarabajo de carreras. Al fin y al cabo, ya en la primera temporada del GRC los pilotos de Volkswagen Tanner Foust y Scott Speed ganaron para su equipo cuatro de las diez carreras disputadas. Su GRC Beetle es el favorito del público y vuelve locas a las chicas que, como Twiggy, visitan los boxes.

La calma antes de la furia: un mecánico de rallycross respira hondo durante unos instantes.

Faltan 30 segundos para que la prueba comience justo debajo de “The High Roller”, la noria más grande del mundo. Los aficionados gritan cuando, tras la señal de salida, el piloto de Volkswagen Foust toma la delantera. Sienten ahora en su estómago el sonido de los motores Beetle como un torrente de graves de frecuencia inaudible generados por una tecnología de carreras extremamente eficiente. Se trata de la variante más avanzada del Beetle de tercera generación. Fue desarrollado por Volkswagen Motorsport para Volkswagen of America como automóvil de rallycross y tiene un motor de cuatro cilindros en línea con una potencia de 544 CV (400 kW), una caja de cambios de carreras secuencial de seis marchas, diferenciales de bloqueo mediante discos en los ejes delantero y trasero, y suspensión McPherson con amortiguadores de ZF. Tarda 2,2 segundos en pasar de cero a 100 km/h y alcanza un máximo de 200 km/h. Y no solo sus valores interiores son espectaculares: sus elementos exteriores (el ensanchamiento de las aletas, su gran spoiler trasero y su parte frontal) también presentan una estética muy deportiva. ¡Brrruuuum! Las Vegas explota.

Beetle GRC.

 

El torneo estadounidense Global Rallycross Championship comenzó en el año 2009. En él participan automóviles de serie modificados que recorren simultáneamente más de diez vueltas. El piloto que ha logrado el mejor tiempo en las pruebas, toma la salida en la parte interior de la pista. La temporada 2014 estuvo compuesta por diez carreras, desde Nueva York hasta Barbados.
En ella Volkswagen debutó –primero con el Polo RX y a partir de la octava prueba, con el Beetle GRC– y rápidamente alcanzó el segundo puesto en la clasificación de fabricantes. Los pilotos del equipo Scott Speed y Tanner Foust lograron el tercer y noveno puesto de la clasificación general.

 

Una locura sobre ruedas: El piloto de Volkswagen Scott Speed junto a su Beetle GRC verde de 544 CV. Al fondo, el hotel Harrah’s.

Una hermosa nube de polvo flota ahora hacia el Caesars Palace. En las clasificaciones Heat 2 y Heat 3, Scott Speed y Tanner Foust se alzan con el triunfo. Speed gana desafiando toda cautela.


Los aficionados gritan en la zona de llegada, alzan sus iPhones y ponen en circulación los selfis que se hacen en los boxes de Volkswagen. Los mecánicos vuelven a tumbarse bajo los Beetles todavía humeantes. Los informáticos analizan estadísticas. Ahora, la actividad en el almacén es todavía un poco más misteriosa. Enfundados en sus monos de trabajo, los técnicos alemanes trabajan obsesivamente como si estuvieran transformando los coches en obras de arte, mientras los aficionados los observan fascinados. Los mecánicos apasionados forjan leyendas del automovilismo, consiguen que se logren los máximos rendimientos, son incluso capaces de redefinir el futuro: miedo y rally en Las Vegas.

 

El Global Rallycross aporta una nueva frescura al deporte de motor. El futuro es de estos coches –y circuitos– pequeños y flexibles que en 48 horas se pueden montar en cualquier ciudad del mundo. Circuitos con saltos de 30 metros de largo, curvas brutales, motores rugientes y hermosas nubes de polvo. Todo ello filmado con cámaras GoPro mediante planos que antes solo conseguían genios de la dirección como Stanley Kubrick y que hoy permiten documentar este tipo de acontecimientos de un modo totalmente nuevo. Gracias a estas cámaras, el claqué de Scott Speed sobre los pedales se ve tan de cerca como el ballet de Tanner Foust sobre el embrague, el freno y el acelerador. Un pie dosifica el freno mientras, con la parte exterior del empeine, acaricia el acelerador: imágenes de locura que circulan de inmediato por las redes sociales, que es donde se genera gran parte del interés que despierta la carrera.
Precisamente en Estados Unidos, el GRC Beetle suscita emociones totalmente nuevas para el sucesor de Herbie: un coche compacto, chic, descarado y desinhibido. El GRC aún está en sus inicios. Sin embargo, si uno observa su repercusión por ejemplo en Twitter y en Instagram, podrá hacerse una idea del potencial de este tipo de campeonato y descubrir lo que realmente atrae a las masas de jóvenes aficionados: el estilo de conducción extremo, los duelos, los neumáticos que se despegan del suelo.

 

Parecido a un carnaval: El campeonato GRC atrae a todo tipo de personajes estrambóticos, sobre todo en Las Vegas.

El GRC es, además, un reality show totalmente democrático. ¡Abierto a todo el mundo! Nadie impide a los aficionados que curioseen en los boxes de cada equipo, ni que miren a los mecánicos mientras ajustan los vehículos. Hasta Nelson Piquet Jr., en otras ocasiones tan reservado, accede pacientemente a aparecer en algunos selfis. En este ambiente se puede ver por dentro una nueva generación de pilotos.


Al caer la tarde, enfrente de Volkswagen, al otro lado de la recta de boxes, el equipo Ford Hoonigan celebra con Ken Block los resultados: Block acaba de ganar la final de esta temporada y ha quedado segundo en la clasificación general, muy cerca del finlandés Joni Wiman. Mientras tanto, los hijos de Block juegan en la zona de mecánicos con ovnis de juguete teledirigidos. Las esposas de los mecánicos son jóvenes y llevan tatuajes. Los propios mecánicos parece que de niños hubieran pasado el tiempo al pie de la carretera, soñando con su propia road movie de Mad Max y fabricando coches trucados con pedazos de chatarra. Un extraño olor a alimento para perros y comida rápida vegetariana, a aceite, polvo y neumáticos calientes invade el ambiente.

En nuestro lado de la recta de boxes, el futuro se prepara con más elegancia. Aquí cuenta más la locura controlada. Solo mirando con agudeza hacia el futuro y manteniendo una actitud siempre abierta, se consigue una explosiva elegancia sobre ruedas y se logran progresos para todos. Ahora, Scott Speed y Tanner Foust, están sentados en sillas de camping sobre el techo del camión que transporta los materiales. Desde allí, contemplan la pista. El sol se esconde por detrás del hotel Bellagio. Desde los boxes de Ford llegan los ladridos de un Pitbull furioso. Speed y Foust se relajan. En un momento dado, Scott Speed extiende el brazo y señala una nube de polvo del desierto en el extremo norte de la ciudad. Lenta y majestuosa, la nube asciende hacia el cielo mientras cae la noche sobre Las Vegas.