Volkswagen Magazine

“¡No me digas! Yo también la tengo”, me dice mi amigo Ron mostrándome la pegatina situada en la luneta trasera de su Passat. “Felix & Co, desde 1946” puede leerse en letras hebreas, como en la mayoría de Volkswagen que actualmente circulan por las carreteras de Israel. Acabo de explicarle a Ron la historia de Felix Burian. Aquí todos los forofos de Volkswagen conocen las pegatinas de “Felix”; sin embargo, prácticamente nadie conoce la historia de ese tal Felix. Es la historia de un pionero de la motorización en un Estado que en aquel entonces aún era joven, con un automóvil cuyo éxito en ningún caso era predecible.

Tel Aviv, cinco décadas atrás: un caballero envuelto en su armadura de hierro, la visera del yelmo cerrada, el escudo apoyado sobre su pie izquierdo, sobre el escudo el emblema “VW”. Y el lector puede leer: “En su Volkswagen se sentirá tan protegido y seguro como en esta armadura”. Mientras Felix Burian publica este anuncio de periódico en Israel en alemán, Rolf Pauls –oficial durante la Guerra Mundial y condecorado con la Cruz de Hierro–, primer embajador alemán en Jerusalén, es recibido en 1965 por manifestantes furiosos con una lluvia de piedras sobre su coche. Los productos alemanes son un tabú para muchos israelitas; el “made in Germany” es un insulto. Cinco años antes, mientras el juicio a Eichmann en Israel aumenta la conciencia pública sobre el genocidio de los judíos, en Tel Aviv Felix Burian es uno de los primeros distribuidores de Volkswagen en asumir la venta y el servicio técnico de un producto que difícilmente podría ser más alemán: el Escarabajo de Volkswagen. Poco después se convierte en uno de los distribuidores líderes en el país: una historia de éxito bastante increíble, nada predecible en los primeros años de su biografía.

Viena a principios de la década de 1930: un joven con un sueño. De la mano de su tío recorre todos los maravillosos museos que alberga la suntuosa capital, y el pequeño Felix pronto se da cuenta de que le gustaría ser arqueólogo. Tiene una infancia feliz; su padre Raimund tiene una peletería. Pero entonces llega el año que lo cambiará todo: 1938, con la “anexión” de Austria a la Alemania nazi. La vida se hace cada vez más insoportable. De repente, los Burian son fugitivos. Como otros muchos, parten hacia Palestina, primero hacia Rumanía, después desde el puerto de Sulina, suben a bordo de un viejo y abarrotado buque de carga de carbón, atraviesan el mar Negro durante el frío noviembre y después el mar Mediterráneo, siempre con el miedo de que los británicos –que no querían más inmigración judía– les descubran y les deporten. Los Burian entran de forma ilegal, caminan hasta la orilla, a la familia le roban todo el equipaje de camino a la playa, y para Felix –que entonces tenía 13 años– su sueño se esfuma, aunque solo sea de forma temporal, como se demostrará más adelante. Ese mismo año se erigió en la ciudad del coche KdF (del alemán “Kraft durch Freude”, literalmente, “Fuerza a través de la alegría”) en Fallersleben (desde 1945, Wolfsburgo) la fábrica de Volkswagen, donde debía construirse en serie el automóvil diseñado por Ferdinand Porsche.

La supervivencia económica es la principal preocupación de los Burian en la lejana Palestina, aún bajo Mandato Británico. Se trata de una época miserable, puesto que el padre no puede ganarse la vida con su antiguo oficio, ya que en el caluroso clima mediterráneo nadie necesita pieles. Debe buscarse la vida –con más pena que gloria– como vendedor ambulante, sin conocer además el idioma. Felix debe buscarse una profesión práctica en la que pueda ganar dinero. El joven realiza una formación como mecánico de automóviles con dos alemanes huidos, ya que los “jeckes” –judíos de Alemania– lideran los talleres de coches. Entrega el dinero que gana como aprendiz; la madre solo puede asignarle una semanada. Entonces conoce a Netty Landsmann. Ella viene de Magdeburgo, su familia también tuvo que huir de los nazis. “Pero solo tenía 17 años”, explica sobre su encuentro durante un té amenizado con música para bailar. Juntos en el sofá, sonríen al recordarlo. La corteja durante cuatro años. Le dice: “No puedo casarme hasta que no pueda mantener a una familia”. En 1946, logra abrir en Tel Aviv un pequeño taller propio de reparación de automóviles. Y, al año siguiente, se casa. Un matrimonio que continúa 67 años después.

En 1947, Felix Burian se casa con Netty Landsmann, de Magdeburgo, en Tel Aviv.

Durante la Guerra de Independencia de 1948 es llamado a filas, le ofrecen un rango de oficial en el joven ejército israelí, pero él prefiere continuar siendo autónomo y encargarse de su taller. Lo amplía y se forja una buena reputación hasta 1960. A través de un amigo, llega a oídos de Burian el interés de Volkswagen por lograr tener en Israel empresas independientes de distribución y servicio técnico en diferentes ciudades, adicionalmente a la empresa importadora global. “Para eso se necesitan herramientas especiales”, contesta descartando la opción, pero su amigo es tenaz. Burian presenta su solicitud, aún totalmente escéptico. Y le adjudican el encargo. A partir de entonces, los acontecimientos se suceden. “Volkswagen se encargó de todo, también del equipamiento especial. Pronto, cada dos semanas, llegaba un camión con piezas de repuesto”, explica Burian. De Wolfsburgo también llegan los primeros especialistas, que le ayudan a montar el servicio de atención al cliente para el Escarabajo y la Transporter.

Aún hoy en día, este hombre de 89 años muestra orgulloso una serie de tomos con material de formación y normas de comportamiento para directores de Volkswagen.

Al hablar con los clientes, el joven Burian ya no pregunta “¿Puede permitírselo?”, sino “¿Cuánto quiere invertir?”. De forma consecuente, en la publicidad desarrollada por él mismo –que inserta en su idioma materno en los periódicos de los “jeckes”– hace referencia a las virtudes alemanas. “¡Servicio y calidad!”, puede leerse, o: “Trabajo de calidad y precisión alemanas: así es la reputación de los alemanes”. Presta especial atención al aspecto técnico a destacar del Escarabajo: la refrigeración por aire, que supone una importante ventaja en el clima de Israel. “Incluso en los veranos más cálidos el coche no echará humo, no perderá agua y estará siempre listo para su conducción”. Su estrategia da frutos. Pronto, entre sus clientes, se pueden contar a múltiples militares de alto rango, incluso a un general del Estado Mayor. El Escarabajo se hace popular especialmente entre los “jeckes”, y cada vez es más habitual por las calles de Israel. Aunque la sombra del pasado aparece cuando se introduce el automóvil en el mercado, Burian nunca recibe ataques personales. Tiende la mano a los críticos afirmando que los alemanes ya no son enemigos, sino ayudantes. Su esposa Netty, que como Felix había perdido durante el Holocausto a familiares cercanos (murieron sus abuelos, así como los hermanos de su padre), afirma: “No olvidaremos, no perdonaremos. Pero la vida continúa. Existe una nueva generación”. Un lema que Ben-Gurion, el padre fundador de Israel, pronto también hace suyo al tiempo que negocia con el primer canciller alemán, Konrad Adenauer, una reparación multimillonaria. 

En los primeros anuncios en Israel, se promocionaban sobre todo la refrigeración por aire, así como las virtudes alemanas.

« No olvidaremos, no perdonaremos. Pero la vida continúa. Existe una nueva generación ».

Netty Burian

En Wolfsburgo, pronto se interesan por el nuevo y dinámico distribuidor de Tel Aviv. En 1962, Volkswagen invita a Netty y Felix Burian a una gran visita guiada informativa por toda la República Federal. Regresan a Alemania por primera vez desde 1938. “Fue una sensación extraña”, recuerda Netty Burian. Sin embargo, la visión de las grandes naves de la fábrica, con sus procesos automatizados, les cautivó de inmediato. “Las chispas de las soldaduras, la gran cantidad de coches en la cadena de fabricación. Era increíble”. Felix Burian también quedó muy impresionado por los concesionarios alemanes de Volkswagen, sobre todo, por la gran central de MAHAG en Múnich, con una peluquería integrada para clientes. Pero, para ambos, los encuentros humanos son más importantes que los procesos productivos y de ventas. Durante los próximos años regresan periódicamente a Wolfsburgo, y los directivos de Volkswagen también visitan regularmente a su socio comercial y su esposa en Israel. De ahí surgen amistades de por vida. Hasta la fecha siguen llegando felicitaciones con motivo de todos los cumpleaños y festividades. “Uno de ellos incluso hizo su viaje de novios a Israel para visitarnos”, explica Felix Burian. De entre su documentación cuidadosamente guardada, saca los certificados de Wolfsburgo: uno con la “Insignia dorada de VW” en 1964, también el “Broche honorífico” por sus éxitos con Volkswagen y Audi en 1982, además de gran cantidad de fotos con políticos israelís responsables de transporte, a quienes asesoraba, así como reconocimientos por su presidencia de la Asociación Israelí de Distribuidores de Automóviles.  

La pegatina de “Felix” puede verse en Israel desde hace décadas en muchos Escarabajos.
Felix y Netty Burian están casados desde hace 67 años. La pareja vive en Tel Aviv.

Con la mano en el corazón, Felix Burian, ¿cuál fue su coche favorito de Volkswagen? “El Passat, en gran parte por su espléndido maletero. Y porque me prestó unos servicios incalculables durante mis excavaciones”. Hace tiempo que Felix Burian hizo realidad su sueño de la infancia, convirtiéndose en arqueólogo mediante estudios autodidactas. En 1952 empezó a excavar de forma sistemática en el desierto de Negev y en la costa del Mediterráneo y, desde entonces, ha encontrado más de 150.000 objetos de la Antigüedad como herramientas, figuras, joyas, hojas de cuchillo o 12.000 puntas de flecha de sílex. Ha descubierto 70 asentamientos desconocidos hasta la fecha, algunos de la Edad de Piedra. Durante décadas, la rutina de Felix Burian fue esta: los días entre semana pertenecían a Volkswagen y, los fines de semana, a la arqueología.

En el año 2000, con 75 años, se retira de su empresa. Pero hoy en día sigue encontrándose para desayunar con su sucesor una vez al mes. Evidentemente, se siente orgulloso de haber dejado huella durante su vida. Una huella que en 2015 –es decir, exactamente 50 años después de que todo empezara– es visible en Israel. Todos los automóviles que vendió en su concesionario llevan hasta la fecha una pegatina ovalada en la luna trasera con el emblema de Volkswagen y el texto: “Felix & Co”. Volkswagen recomendó que la empresa conservara su nombre.

Exposición en Berlín

La extraordinaria historia de Felix Burian se explica detalladamente en el marco de una exposición itinerante que se inaugurará en otoño de 2015 para conmemorar el 50.º aniversario del inicio de las relaciones germano-israelís en el edificio parlamentario Paul-Löbe en Berlín.