Volkswagen Magazine

El Polo celebra su 40.º aniversario este año y puede presumir de un balance orgulloso con motivo de esta celebración. Desde que se presentara por primera vez en el Salón del Automóvil de Ginebra en 1975, se han vendido más de 15 millones de unidades. Con motivo de su aniversario, hemos visitado a verdaderos fans en la cuenca del Ruhr.

Basta con tocar el claxon brevemente para despertar al portero soñoliento. Cuando por fin levanta la barrera, empieza un pequeño viaje en el tiempo para Sebastian Winkler, Günther Ebschke, Ralf Petruck y André y George Kasberger. La caravana entra en el Parque Duisburg-Nord: cinco Volkswagen Polo circulan por uno de los escenarios más impresionantes de la cuenca del Ruhr. Silenciosos gigantes de acero acarician el sol primaveral; en las gigantes marmitas donde antaño se recocía el metal, ahora se desconcha el revoque. Enormes motores dormitan frente a las puertas de hierro cubiertas de musgo de las naves de fabricación. Aquí, donde las grandes chimeneas enmascaraban antaño el aire con niebla, reina ahora el silencio imponente del patrimonio industrial y, al mismo tiempo, de un destacado proyecto de la arquitectura paisajística moderna. Han pasado exactamente 30 años desde que saliera el último turno de la planta siderúrgica.
Al mismo tiempo, en 1985, Volkswagen presentó en el Salón Internacional del Automóvil (IAA) un modelo destinado a convertirse en EL objeto de culto por antonomasia, sobre todo, en la cuenca del Ruhr: el Polo G40. Alrededor de Duisburg se dan cita sus mayores fans. Para trabajar en sus coches, intercambiar ideas o, como hoy, para celebrar dos aniversarios a la vez: el 40.º aniversario del Polo y el 30.º aniversario del G40.

Los fans

Sebastian Winkler (foto izda.), 36, vendedor inmobiliario, posee entre otros un Polo Eco, año 1987.
George Kasberger (2.º izda.), 63, mecánico de coches, conduce un Polo Steilheck, año 1986.
Günther Ebschke (3.º izda.), 63, mecánico de coches, posee entre otros un Polo G40, año 1987.
André Kasberger (2.º dcha.), 29, empleado de la administración eclesiástica, conduce un G40 2F, año 1993, de color negro.
Ralf Petruck (dcha.), 46, ingeniero de telecomunicaciones, conduce un Polo G40, año 1989, de color rojo.

« El G40 siempre fue el coche de mis sueños ».

Ralf Petruck

Gracias a la inyección directa de combustible del diésel, el motor del Polo Eco es especialmente eficiente.

Los chicos de la cuenca del Ruhr

Ralf Petruck: Recuerdo perfectamente cuando el Polo G40 llegó al mercado; en seguida se convirtió en el coche de mis sueños. Era pequeño, manejable y, técnicamente, el coche más elaborado de la serie Polo hasta la fecha. A finales de la década de 1980, se fabricó una serie limitada; en Alemania se entregaron 1.500 unidades. Era una novedad: había que tener ese coche. Pero el G40 no era precisamente barato, no pude permitírmelo hasta después del servicio militar. En 1991, reuní todos mis ahorros y conducía a diario 75 kilómetros con el G40 hasta el trabajo. Seguro que otro coche hubiera sido más práctico, pero disfruté de esos trayectos.

Sebastian Winkler: El Polo tiene un verdadero valor de reconocimiento. A menudo se convierte en tema de conversación. Mucha gente ha tenido un Polo. Muchas madres, muchos novatos. Cuando exponemos en la feria Techno Classica, siempre escuchamos: este coche me acompañó durante mis estudios, con él hice mi mudanza. Para muchos, es el primer coche. El automóvil antes del Golf. De algún modo, el Polo siempre ha estado ahí y, casi siempre, asociado a recuerdos muy positivos.

Ralf Petruck: Voy a menudo a casa de Sebastian, nos gusta reparar nuestros Polo delante de la puerta. En la cuenca del Ruhr, en la década de 1990, muchos jóvenes no tenían dinero para llevar el coche al taller. Por eso nos hemos convertido en verdaderos manitas. Cuando me compré mi segundo G40 en 1994, me costó 12.500 marcos alemanes y, cuando lo restauré en el año 2000, acumulaba casi 200.000 kilómetros en el tacómetro. Lo desmonté por completo en tres semanas. Al final solo podían distinguirse el arnés de cables y los ejes. Reparé el motor, limpié el interior y pinté el coche en su color original. Con Sebastian siempre hablamos sobre todo lo que se pone a la venta en casas de subastas y en eBay. Cada vez resulta más difícil encontrar piezas de recambio.

El G40 de 1988 restaurado de Ralf Petruck: asientos de tela a cuadros, un extintor de incendios y las alfombrillas forman parte del equipamiento.

« He heredado de mi padre el amor por el Polo ».

André Kasberger

Sebastian Winkler: El amor por la mecánica y la pasión por los motores potentes forman parte del ADN de la cuenca del Ruhr. Continuamos viviendo en un emplazamiento industrial, aunque muchas minas y fábricas hayan cesado su actividad y se hayan reconvertido.

George Kasberger: A mí me contagió el Audi 50, que fue prácticamente el predecesor del Polo. En 1977 hice mi primera carrera con él, después con el Polo 2. Soy mecánico de coches, hice mi formación en un taller de Volkswagen y, posteriormente, mi maestría. El tuneado era mi pasión, ponía los motores a punto y los preparaba para el deporte del motor. Lo aprendí desde cero, en aquel entonces corría la década de 1970. Mis mejores carreras fueron con el Polo; en el circuito de Nürburgring me alcé con varias victorias. Sencillamente fue genial poder participar con mi pequeño coche. El encanto de este coche es su modestia.

André Kasberger y Sebastian Winkler en el Polo Eco.
George Kasberger (centro) sabe mucho de motores.

André Kasberger: Mi padre trabajó en el deporte del motor y he heredado de él su fascinación por los motores y los coches potentes. Crecí con el Polo. Cuando nací, mi padre le compró a mi madre un Polo Steilheck y lo equipó con un cinturón de tres puntos para mí. En la familia, apodamos cariñosamente al coche como “la caja de lechones”, por su forma cuadrada. En aquel entonces, el coche ofrecía suficiente espacio para que mi madre hiciera la compra o para cuando nos íbamos de vacaciones. Cuando buscaba un coche para mí, me topé con un G40 en internet. El modelo es la versión deportiva del 2F, del que solo quedan unos 900 coches.

George Kasberger: Miramos el G40 y supe que el coche era de primera. Era de un particular y tenía pocos kilómetros. Además, las revisiones se habían hecho puntualmente en Volkswagen.

« El Polo Eco es el que más me gusta ».

Sebastian Winkler

Sebastian Winkler: El corazón del Polo G40 es el compresor G-Lader. Este motor me fascinó desde el principio; actualmente, tengo varios modelos en casa. Si observamos de cerca el G-Lader, podemos ver que en el interior tiene un caracol que transporta el aire. El aire se aspira y se comprime en el caracol. El contorno de este caracol recuerda a la letra “G” y de ahí el nombre del compresor G-Lader. El 40 hace referencia a la anchura del desplazador, que son 40 milímetros. La novedad fue la inyección directa: tanto el diésel como la gasolina se inyectaban directamente en el motor, lo que aportaba más potencia y eficiencia.

George Kasberger: En aquel entonces ya bromeaba con que convertiría todos mis Polo en coches de época. También el Polo Steilheck, que compré para mi mujer y con el que André creció, nuestra “caja de lechones”. Y todos se reían cuando lo decía. Hoy en día, lo continuamos conduciendo y ya van 23 años. Nunca ha tenido una avería grave. En la actualidad, el Polo cuenta realmente con una matrícula de coche de época. Los amigos de entonces pueden confirmar que el chiste ha resultado ser cierto. El Polo Steilheck y el G40 forman parte de la flota de la familia.

La rareza

Sebastian Winkler, 36, posee un “Polo Eco” original de 1987. De este modelo se construyeron solo tres prototipos y 49 modelos. Volkswagen los utilizó como vehículos de estudio, que se modificaron para ser especialmente respetuosos con los recursos. La flota se probó en la zona urbana de Berlín en condiciones reales. El Polo Eco contaba, por ejemplo, con un mecanismo automático de aprovechamiento del impulso y con el predecesor de un filtro de partículas de hollín. En un viaje a Marsella consumió tan solo 1,7 litros a 60 km/h durante los 1.400 km de trayecto.

Un perro salchicha que mueve la cabeza como accesorio en la bandeja trasera del Polo G40.

« Con el Polo G40 gané muchas carreras ».

Günther Ebschke

 

Günther Ebschke hizo muchas carreras de eslalon.

Günther Ebschke: Aunque carece de dirección asistida, el Polo se caracteriza por su facilidad de conducción. En mi opinión, el G40 es el mejor coche que Volkswagen ha construido jamás. Es especialmente robusto; mis coches nunca han tenido ninguna avería. Cambiar las bujías, el aceite... y poco más. Hice carreras con el Polo durante muchas décadas. Su potencia me resultó muy útil en el deporte de eslalon. Cuando los otros conductores ponían el turbo, yo ya iba un buen trecho por delante. El compresor G-Lader no tiene agujero para el turbo (nota del autor: antes era habitual). Y esto garantizaba siempre el factor sorpresa durante las carreras. Entonces mi G40 alcanzaba su cota máxima, llegando a 225 km/h con 135 CV. No he pasado a ningún conductor de Porsche que no me haya saludado cuando más tarde me ha adelantado. Corría en la misma categoría que los conductores de Porsche.

Una mirada al maletero del Polo G40.
El compresor G-Lader es el corazón del motor del Polo G40.

El aniversario

En 2015, el Polo celebra dos aniversarios. Hace cuatro décadas, Hartmut Warkuss diseñó el primero con la participación de Nuccio Bertone. Exactamente diez años después, es decir, hace 30 años, se presentó uno de los modelos más legendarios del Polo: el G40. Hoy en día, tras el Golf, el Polo es el modelo más vendido en Alemania; hasta la fecha se han registrado más de diez millones de vehículos. Entre otras cuestiones, este pequeño automóvil destaca por su versatilidad y la gran variedad de modelos: por ejemplo, es legendaria la aventurada mezcla de colores del arlequín de 1994 o las variantes de la parte trasera recta del Polo.

El club 

Desde mediados de la década de 1990 existe una comunidad de fans del Polo. Se encuentran periódicamente en la cuenca del Ruhr, van juntos a rallies de coches de época y, cada año, tienen un estand en la feria Techno Classica. Para fortalecer los lazos, el año pasado inscribieron el club bajo el nombre VW Polo IG Deutschland e. V. Actualmente, el club de fans cuenta con 21 miembros permanentes. Mantienen contactos con fans en Holanda, Inglaterra y Austria.