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Innovación

¿Cómo organizaremos el transporte urbano del futuro?

El concepto “smart city” está en boca de todos. Sin embargo, ¿sabemos realmente qué quiere decir? Cuatro expertos que investigan la movilidad interconectada en Barcelona nos explican qué ideas les rondan por la cabeza.

Texto Veronica Frenzel
Ilustración C3 Visual Lab
Fotografía Gunnar Knechtel (5), Frank Schinski (2), Volkswagen AG (1)

Cuando hablamos de ciudades con una atmósfera más limpia, sin el ruido del tráfico y en las que podamos desplazarnos de una manera rápida y sostenible, autónoma y flexible, ¿nos estamos refiriendo a una utopía abstracta o hablamos de un futuro real que pronto formará parte de nuestro presente cotidiano? Desde hace años, urbanistas, científicos y empresarios buscan ideas para aumentar la calidad de vida en las ciudades. Un paso decisivo en este sentido son las llamadas “smart cities” o “ciudades inteligentes”, es decir, zonas metropolitanas en donde una comunicación y una conectividad digitalizadas ofrecen nuevas posibilidades para controlar el tráfico de manera eficaz. En la movilidad moderna, el concepto de “inteligente” se refiere principalmente a la idea de iniciar una interacción permanente entre los habitantes de una ciudad y la tecnología que los rodea. Es decir: los ciudadanos cooperan entre ellos e intercambian una información que la tecnología se encarga de actualizar y mejorar constantemente. Por su parte, las administraciones y las empresas, la ciencia y la política, ponen sus datos a disposición del público. En la creación de la ciudad habitable, todos deben aportar su granito de arena.

Volkswagen AG ya ha aceptado el reto y se ha puesto manos a la obra. “Los fabricantes de automóviles queremos y debemos dar forma a la movilidad de la ciudad del futuro”, dice el director del departamento de Prospectiva de Volkswagen, Wolfgang Müller-Pietralla, acerca del compromiso del Grupo. En Barcelona, considerada la principal “smart city” del mundo –incluso por delante de ciudades como Nueva York o Londres–, Volkswagen está desarrollando ideas para la movilidad urbana del mañana. En la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), y en colaboración con SEAT, escuelas universitarias locales como IESE Business School y reconocidos expertos en movilidad, se ha creado una plataforma de investigación sobre movilidad urbana donde sociólogos, matemáticos e ingenieros van perfilando las mejores opciones, tanto para los conductores como para los habitantes. La revolución de la movilidad urbana hace ya tiempo que empezó y a los coches privados, el metro, el autobús y las bicicletas, en los últimos años se han sumado distintos modelos de “car sharing” (coches compartidos).

« Los fabricantes de automóviles debemos y queremos dar forma a la movilidad de la ciudad del futuro ».

Wolfgang Müller-Pietralla, responsable de Prospectiva en Volkswagen

Hay aplicaciones móviles que confeccionan la combinación de movilidad óptima para cada trayecto. Hoy ya es posible decidir el modo de ruta deseado: ¿económico?, ¿rápido?, ¿ecológico? “La planificación urbanística y la consiguiente regulación de la movilidad y las emisiones influyen directamente en el mercado tradicional de la automoción”, explica Marc Sachon, economista de IESE (Barcelona).

“Gracias a la digitalización y la electrificación de los coches, ahora hay muchas posibilidades para volver a posicionarse en el mercado”. Barcelona es la ciudad ideal para probar cuál podría ser la movilidad del futuro: aquí se registran más datos sobre el volumen de tráfico, las plazas de aparcamiento libre y la contaminación atmosférica que en prácticamente ninguna otra ciudad inteligente. Hasta las farolas llevan sensores que recopilan información. Además, la metrópoli del Mediterráneo se está desarrollando de la misma manera que la mayoría de las grandes ciudades de los países desarrollados:

 

La población crece constantemente y es principalmente gente joven la que se viene a vivir aquí. Al mismo tiempo, crecen las expectativas de que los modernos urbanistas encuentren soluciones eficaces para el aumento del volumen de tráfico. “Nuestra misión es identificar las tendencias de los sectores de la automoción y el urbanismo y descubrir cómo pueden complementarse entre sí”, explica Christoph Wäller, desarrollador de SEAT y director en Barcelona para Volkswagen del estudio sobre la movilidad del futuro. “La cuestión principal es la siguiente: ¿cómo pueden los coches, y nosotros como fabricantes, mejorar la experiencia de movilidad de nuestros clientes y, a la vez, elevar la calidad de vida en las ciudades, tanto hoy como en el futuro?

El equipo que trabaja en Barcelona desarrolla, entre otras cosas, aplicaciones y plataformas de “trip sharing” (compartir trayectos) y otras ofertas de “peer-to-peer sharing” (compartir entre particulares), con las cuales los residentes urbanos con necesidades de movilidad similares puedan interconectarse para compartir trayectos y vehículos. A continuación, cuatro expertos nos explican cómo puede conseguir su proyecto para Volkswagen que la ciudad del futuro sea más inteligente.

Wolfsburg y Barcelona

Desde finales de 2014, el centro de investigación de Volkswagen, en colaboración con SEAT, la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y otros centros universitarios de Barcelona, gestiona el Cooperative Automotive Research Network (conocido como “CarNet”). Los objetivos son la creación de una plataforma de investigación centrada principalmente en la tecnología del automóvil, la movilidad urbana y la exploración integrada de conceptos de movilidad viables a través de los sectores automovilístico y de desarrollo urbano.

Hay varios equipos trabajando en distintos proyectos en una gran variedad de aspectos que pueden hacer que la movilidad en nuestras ciudades sea más sencilla, rápida, sostenible y flexible.

« Los “e-community cars” y el “peer-to-peer sharing” de vehículos eléctricos van a funcionar muy bien en el futuro ».

Víctor Moyano, analista de mercados de la empresa Creafutur, busca las mejores ideas en materia de uso compartido:

Cuando voy por la mañana en coche a mi oficina, situada en las afueras de Barcelona, a menudo pienso en cómo será el futuro. Me imagino a mí y al resto de gente que va al trabajo saliendo de casa en bicicleta, una scooter eléctrica o un coche eléctrico de una flota de uso compartido para ir a la estación de tren más cercana. Esta se ha convertido en una especie de centro neurálgico de movilidad hasta donde llegan trenes, autobuses y “community cars” (coches compartidos por gente que hace un mismo recorrido). Después, desde allí nos desplazamos hasta las estaciones o centros neurálgicos que queden más cerca de nuestra oficina. Los últimos kilómetros los haríamos en scooters o coches eléctricos de flotas compartidas. Nadie tendría vehículo propio. Esta visión del futuro es el resultado de mis investigaciones sobre movilidad urbana. Trabajo a pie de calle e intento averiguar qué quieren los ciudadanos, qué proyectan los urbanistas y, sobre todo, cómo serían los sistemas de uso compartido perfectos. Desde hace años leo todas las investigaciones, estudios de mercado e informes de tendencias sobre la vida móvil en Barcelona. Sé que para la mayoría de la gente de entre 20 y 40 años que vive aquí –como sucede en la mayoría de las grandes ciudades de los países desarrollados–, la movilidad tiene que ser lo más barata posible. Están dispuestos a pagar un poco más que por el transporte público, pero menos que por un coche propio. Además, les gustaría desplazarse de manera rápida, flexible y, en el mejor de los casos, ecológica. Se muestran muy abiertos a los modelos de uso compartido.

Casi nadie quiere tener ya un vehículo propio. También sé que, a largo plazo, habrá que excluir los coches particulares del tráfico diario del centro de las ciudades a través de medidas como prohibir su acceso o el aparcamiento. En Barcelona, cada vez hay más calles en las que solo pueden aparcar los residentes o solo se puede parar para cargar o descargar. Muy pronto, muchas calles estarán vetadas a los automóviles. Pero a los urbanistas no les inquieta tanto el número de vehículos como la polución o el caos del tráfico. Al no contaminar, los coches eléctricos seguirán teniendo libertad de movimiento en Barcelona. Por ello, en los aparcamientos para residentes también habrá que instalar puntos de recarga para los vehículos eléctricos de las flotas de uso compartido, las cuales, ya sean coches o scooters, deberían satisfacer a corto plazo el deseo ciudadano de una movilidad asequible y flexible. Esta también sería una buena solución para todos los proyectistas que buscan estrategias para lograr una ciudad limpia y tranquila. Por consiguiente, el objetivo actual es instalar puntos de recarga en colaboración con el gobierno municipal. A largo plazo, los “community cars” eléctricos y el “peer-to-peer sharing” de coches eléctricos también van a funcionar muy bien. Pero para ello todavía necesitamos plataformas y aplicaciones que permitan a los usuarios organizarse de manera fácil y eficiente.

« A partir de un determinado número vehículos se generan “olas” que terminan provocando la congestión del tráfico en todas las calles ».

Jaume Barceló, matemático de la Universitat Politècnica de Catalunya (Barcelona), elabora modelos de transporte que permiten simular visiones futuristas en un ordenador:

La simple observación no sirve para comprender fenómenos tan complejos como la evolución del tráfico. Para ello se necesitan modelos matemáticos. Cuando hay un embotellamiento, por ejemplo, la mayoría de la gente cree, por experiencia, que se ha producido un accidente, pero en la mayoría de casos no es así. En cualquier autopista o carretera, el tráfico se congestiona inevitablemente a partir de un determinado número de vehículos, y siempre sucede por “olas”. Tras el atasco viene el tráfico fluido y, después, otra vez el atasco, y así sucesivamente. Para entender qué sucede exactamente, desarrollo modelos con los que se puede simular el flujo de tráfico en un ordenador. Para ello, hemos tenido durante varios días tres coches circulando por Barcelona cuyos conductores se han comportado, respectivamente, de manera agresiva, contenida y adaptativa. Una serie de sensores instalados en los vehículos han ido registrando en cada momento todos los datos medibles: distancia con respecto a los coches circundantes, su velocidad, la calidad del aire... Los coches han intercambiado estos datos y los han transmitido a una central.

Con toda la información recopilada he desarrollado un modelo de tráfico barcelonés en el que todos los coches se comportan como los tres vehículos de la prueba, y he conseguido averiguar en qué momento se forman atascos y cómo se pueden evitar. Ahora también sé que se puede obtener una buena visión general del tráfico de la ciudad si un 10% de todos los vehículos registra e intercambia los datos sobre el flujo de tráfico y los transmite a una central. Así, por ejemplo, los coches digitalizados de una flota de “car sharing” serían una buena fuente para representar de manera rápida y fiable la fluidez del tráfico y la contaminación del aire en tiempo real. Si los dispositivos de navegación de los coches dispusieran de esta información, podrían guiar a los conductores por la ciudad de manera rápida y respetuosa con el medio ambiente. Por ejemplo, si en una calle hay demasiados coches circulando o la contaminación del aire es muy alta, el sistema podría desviar a los conductores. Además, la central de gestión de tráfico podría prolongar la duración de los semáforos en verde en las vías muy transitadas en horas punta. De esta forma, los coches contribuyen a mejorar la calidad de vida en la ciudad.

« Sueño con un mapa digital integrado en el navegador que me indique en qué calle y a qué hora puedo encontrar plazas de aparcamiento libres ».

Andreas Sasse, ingeniero de Volkswagen, desarrolla soluciones para buscar plazas de aparcamiento:

Hace poco, durante un viaje de trabajo a Barcelona, mi navegador me guió hasta el lugar donde tenía que ir, pero, una vez allí, no encontré ningún sitio libre donde aparcar. Después de media hora dando vueltas, por fin encontré un hueco. Ese día me hubiera gustado tener una aplicación como en la que estamos trabajando actualmente: un mapa digital integrado en el navegador que me indica en qué calle y a qué hora hay aparcamientos disponibles e incluso dónde es mejor ni intentarlo. Actualmente ya hay navegadores o aplicaciones móviles que indican la presencia de plazas libres en aparcamientos públicos. Pero para que esos sistemas sepan también a qué hora y en qué lugar de una calle podemos aparcar, hemos tenido que pensar mucho. Utilizamos los sensores de ultrasonidos que llevan integrados en los parachoques los coches con asistente de aparcamiento y que están permanentemente buscando huecos. Entonces, recopilamos toda la información registrada por los sensores de varios coches, la vinculamos a datos de GPS y horarios y cotejamos los resultados para asegurarnos de que los huecos encontrados son realmente plazas de aparcamiento. Finalmente, transferimos los datos a un callejero digital. El resultado: un mapa de carreteras dinámico que muestra el promedio de plazas libres que hay en un sitio determinado a una hora concreta. El proyecto todavía se halla en fase de prueba. Si los mapas dinámicos de estacionamiento se integraran en los navegadores, los coches podrían enviar datos regularmente a las flotas de vehículos compartidos de Volkswagen para mantener los mapas actualizados en todo momento. Los datos de las plazas de aparcamiento libres que ya ofrecen los ayuntamientos de ciudades inteligentes como Barcelona también se podrían incorporar en estos mapas.

« Actualmente, nuestro mayor desafío es promover una nueva manera de entender la movilidad urbana ».

Wolfgang Müller-Pietralla, experto en Prospectiva de Volkswagen, diseña microciudades, es decir, centros neurálgicos de transporte donde los ciudadanos puedan cambiar de medio de transporte:

En el futuro nos veremos obligados a cambiar de medio de transporte con frecuencia: por ejemplo, aparcaremos el coche eléctrico de una flota compartida y tomaremos un autobús o un tren para, a continuación, utilizar un “community car” o la bicicleta municipal. Por ello, necesitaremos centros neurálgicos donde concentrar el tráfico de la ciudad y cambiar de medio de transporte de manera agradable, rápida y segura. Estas “microciudades” deberán estar repartidas por toda la ciudad y muy bien interconectadas, tanto en los distintos centros urbanos como en la periferia, y su ubicación deberá permitir acceder fácilmente a las principales arterias de comunicación y paradas de autobús y tren. Las microciudades deberán disponer de plazas de aparcamiento para coches privados, bicicletas y vehículos compartidos, así como de estaciones de recarga para coches y bicicletas eléctricas. No serán simples estaciones, sino lugares especialmente diseñados, espacios con calidad de vida. En sus alrededores podrá haber centros comerciales, talleres, gimnasios, centros culturales y espacios de coworking. Una aplicación móvil o un ID de usuario permitirá acceder, planificar un trayecto y reservar los vehículos necesarios. En el caso de Barcelona hemos analizado, en colaboración con nuestros socios locales, qué emplazamientos de una ciudad son los más adecuados para instalar microciudades. En la primera fase hemos creado más de treinta mapas digitales distintos.

En ellos se reproduce, por ejemplo, la red de calles, metro y autobús, los puntos de recarga para vehículos eléctricos, las gasolineras, el volumen de tráfico y los lugares donde trabaja, vive y pasa el tiempo libre la mayoría de la gente. Después hemos agrupado todos esos mapas en uno solo y sobre él hemos detectado 60 lugares idóneos para posibles microciudades. Estas estarían situadas, por ejemplo, a lo largo de las rondas de Barcelona, que son unas vías periféricas que distribuyen el tráfico hacia la ciudad, las afueras y los nuevos centros urbanos; o también en las calles principales que atraviesan en horizontal y vertical el centro y por las que circulan transportes públicos y privados y en las que ya hay numerosos aparcamientos públicos. Ahora solo hay que encontrar el modo de garantizar que en esas microciudades haya disponibles en cualquier momento los vehículos que la gente desea utilizar. El mayor desafío será promover una nueva manera de entender la movilidad urbana, en la que los coches estarán al servicio de un desplazamiento inteligente. Para acercarnos a ese objetivo, debemos dotar a las ciudades de una infraestructura como la de las microciudades, es decir, interfaces para el desplazamiento individual, tanto físico como digital.