Volkswagen Magazine

Todos nos hemos visto en la siguiente situación: con el coche de camino a una cita importante y desesperados en busca de aparcamiento porque llegamos tarde. ¿No sería maravilloso poder bajarse en el lugar de la cita, establecer el enlace con el vehículo mediante la aplicación asociada de nuestro smartphone y dejarlo circular de forma autónoma para que aparque?

Este tipo de “servicio de aparcamiento” podría ser algo corriente en el futuro. El proyecto europeo de investigación V-Charge muestra cómo funciona. V-Charge es sinónimo de “Automated valet parking and charging for e-mobility”. Desde 2005, la conducción autónoma es uno de los ámbitos de investigación más importantes de Volkswagen. Durante los últimos cuatro años, la empresa de Wolfsburgo ha desarrollado nuevas tecnologías para el valet parking en colaboración con la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH), Bosch y las universidades de Braunschweig, Parma y Oxford.

El experto de Volkswagen

Wojciech Derendarz (33) trabaja en el área de investigación del departamento de “Asistencia a la conducción y seguridad integrada” del Mobile Life Campus en Wolfsburgo. Como responsable de V-Charge, coordina el equipo así como las pruebas de software.

Lo extraordinario de V-Charge es que el vehículo experimental, basado en un Volkswagen e-Golf, no solo busca de forma autónoma una plaza libre de aparcamiento en zonas definidas (como grandes parkings de varias plantas), sino que además encuentra una con infraestructura de carga automática y carga su batería de forma inductiva. Una vez ha terminado, deja libre el punto de carga y busca una plaza de aparcamiento convencional. Las cámaras y sensores integrados en el vehículo se encargan de que esto se lleve a cabo sin colisiones con otros usuarios de la vía pública.

Aparte de la comodidad y el ahorro de tiempo, pues el conductor ya no tiene que buscar aparcamiento ni cargar la batería, este sistema tiene otras ventajas. “Hemos conseguido posicionar el vehículo exactamente encima del punto de carga”, explica Wojciech Derendarz, responsable del proyecto V-Charge en Volkswagen. También hay ventajas para la empresa de parking, porque como el coche circula en tráfico mixto no se tiene que definir un espacio cerrado. Y con la medición al centímetro de las plazas, los coches quedan perfectamente aparcados con lo que se ahorra espacio. “Continuaremos con la investigación en el ámbito de la conducción autónoma. Nuestro objetivo es hacer posible estas funciones en cualquier área de aparcamiento. Por ejemplo, en zonas residenciales”, declara Derendarz. La introducción de sistemas de dirección de vehículos totalmente automática podría ser posible a partir de 2020, una vez adaptada la legislación.

«Continuaremos con la investigación. Nuestro objetivo es hacer posible estas funciones en cualquier área de aparcamiento».

Wojciech Derendarz, Departamento de investigación de sistemas de asistencia a la conducción del grupo Volkswagen

La central de control.

En cuanto el conductor abandona su coche antes de entrar en el parking, activa inmediatamente la aplicación V-Charge en su smartphone. Con ella pone en marcha el vehículo, que circula de forma autónoma, y determina a qué hora (pick-up-time) y en qué lugar (pick-up-place) desea que le vuelva a recoger. Los datos se pueden modificar posteriormente a través de la aplicación. Si se trata de un vehículo eléctrico, que necesita cargarse, el conductor introduce además la autonomía deseada. El smartphone transmite el número de kilómetros directamente a la estación de carga prevista para el coche. Con ayuda de la aplicación, el conductor mantiene bajo control todos los procesos hasta que el coche le recoge. Cuando el conductor regresa al edificio del parking, su coche le estará esperando en el punto de recogida predefinido; y gracias a V-Charge el conductor no necesita entrar en el aparcamiento.

Orientación gracias al mapa digital.

El sistema de gestión de estacionamiento, que está almacenado en un servidor externo del parking, envía al coche un mapa digital. Este contiene los llamados puntos de orientación –como señalizaciones o elementos estructurales llamativos– y muestra con exactitud dónde se encuentran los carriles y los huecos para aparcar. El vehículo compara los puntos de orientación del mapa con su entorno y comprueba de este modo en qué lugar del parking se encuentra. Si se trata de un vehículo eléctrico, el sistema le comunica también dónde está la estación de carga prevista para él. Los obstáculos, peatones y otros usuarios de la vía pública son identificados por las cámaras y sensores de ultrasonido integrados en el vehículo y este reacciona en consecuencia.

Cámaras y sensores de ultrasonido integrados se encargan de que el coche reconozca su entorno y se mantenga en la posición adecuada.

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Los sensores, de forma similar a los murciélagos, utilizan señales de ultrasonidos para determinar la distancia de obstáculos. Seis sensores se encuentran en la parte delantera y seis en la trasera.

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El coche dispone de cámaras de gran angular; una en cada retrovisor exterior y una en cada logotipo de Volkswagen, delante y detrás. Las lentes monoculares poseen un ángulo de apertura relativamente amplio de 180 grados y registran perfectamente el entorno del vehículo.

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Las cámaras 3D funcionan de forma parecida al ojo humano. Cada una tiene dos lentes, una al lado de otra. La cámara debajo del parabrisas tiene un alcance de 45 metros. Esta ayuda con las maniobras evasivas y a mantener la distancia con el vehículo delantero. La cámara trasera se encuentra dentro del logotipo, tiene un alcance de hasta diez metros y se emplea durante el proceso de aparcamiento.

Perfectamente posicionado para cargar.

Cuando el vehículo se acerca a la plaza asignada, el sistema reconoce a través de sensores locales si está ocupada. Si se trata de un vehículo eléctrico, escoge además una plaza de aparcamiento con instalación de carga automática. Si está vacía, empieza la maniobra de estacionamiento totalmente autónoma, que posiciona el vehículo exactamente encima del punto de carga inductiva (sin cable). Entonces se eleva la placa de carga del suelo hasta su contraparte en los bajos del vehículo. El proceso de carga puede empezar. El bucle de inducción sin contacto de la estación genera un campo electromagnético que transmite la electricidad sin contacto al bucle de inducción del coche. En V-Charge las bobinas quedan perfectamente colocadas una encima de otra y siempre a la misma distancia, con lo que se evita la pérdida de efectividad y energía.

Tras el proceso de carga, la plaza queda libre.

Una vez terminado el proceso de carga, el coche deja libre el punto de carga para otro vehículo eléctrico y busca una plaza de aparcamiento convencional. Para ello va a una velocidad máxima de 10 km/h y muy silenciosamente. El volante se mueve de vez en cuando para corregir su curso con suavidad, en base a las informaciones de los sensores y cámaras. Puesto que el vehículo reacciona ante otros usuarios de la vía pública, como peatones o vehículos, puede circular en el llamado “tráfico mixto”. Gracias a las imágenes de las cámaras y a las señales de ultrasonidos, no es necesario que el área de estacionamiento sea un espacio cerrado ni tampoco se requiere ningún equipamiento técnico complejo o sistema de GPS.